00:29 h. Domingo, 20 de octubre de 2019

Frente al Puangue VIII

Serie de Lecturas sobre el Festin sin Piedra
Buenos Días Curacaví  |  22 de febrero de 2013 (18:54 h.)
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Los dioses intermedian el soplo. Emotivo se sacude incierto el ámbito, impregnado en cualquier tiempo. El amor pagano produjo cenizas nocturnas tras viejas huellas, a la espera de nuevas caricias, con los ojos bien cerrados. También entonces se pudo ver las estrellas de noche, no tanto como de día. Tu despertaste pensando que te consumías como el cigarro que fumé en mis sueños y fue cierto!. Calcinado en las horas del verano entre cerros y cielo sin nubes, entre árboles de nidos y calles con tierra. Entonces te miré a los ojos y vi ese río, por el que ya no corre agua. Ese que se arrebata solo con la lluvia. Ese que se diluye mientras caminas y yo limpio mis zapatos del asfalto; o del polvo. Todo depende del camino. Quememos cada recuerdo de lo que no sea amor y protestemos mirando al cielo. Tu tomarás los rayos del sol con las manos, yo también. Antes de la ceniza, el humo de unas tantas fogatas me provocó amnesia. Ya no recuerdo ni mi rostro ni el tuyo. Ensucio mis pies con barro, no solo en invierno. Pero con este barro, 
especialmente en invierno 
construyo castillos endebles 
que te envío en cajitas de alfalfa 
o tejo coronas con amapolas de color azul 
muy azul 
otras doradas 
menos doradas 
más de alguna debió ser amarilla 
simplemente amarilla...

En la incertidumbre de cualquier tiempo, los dioses soplan la emoción. Sentados cerca del mediodía, miramos como las hojas vuelan y se van. Las sonrisas dibujan cada rostro y pintan en la luz del día un sendero hacia el regreso. Debo juntar los pedazos que recopilé durante mi estadía contigo. Los cigarros desparramados por el suelo, develan el robo de un lápiz labial. La copa con vino marca tu boca. Un beso sin destinatario, regresa a su dueño. Las hojas de té comienzan a flotar sobre el agua y aún no logro saber: cómo te llamas. Anoche soñé que las sombras de nuestro baile, me siguieron hasta el lecho. Aun podemos beber juntos del cauce de este río. Solo hay que encontrar el agua. El lugar donde la tierra reseca, muere cada vez que se cruza una mariposa violeta ante los ojos de piedra de un corazón en queja. Todavía puedo escuchar, profundo y entrecortado el suspiro del agua por el Puangue, rumbo al Mapocho. Supongo que algún día 
esas lágrimas 
llegarán al mar 
evaporándose... 

Lejos
sin emoción
con los ojos bien cerrados 
el ánimo de un amor pagano olvidado en el camino 
surge entre el Mauco y el Caren 
indiferente a los dioses...



Enero 2013
Camila Tello Baez
Vicente Simón
 
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