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Buenos Días Curacaví ¡ En Línea !

María Recabarren

Impresiones Hospitalarias y Sucesos Carreteros

Concejal de Curacaví

María Recabarren | 13 de Febrero de 2013

Cualquier día puede pasar algo que nos desordene la rutina. Es así y siempre lo ha sido. De tan parecido que es un día al otro, una semana a la otra, un mes con otro mes, hacemos las cosas como si se tratara de un proceso automático. No nos ponemos a a pensar a cada rato, o reflexionar sobre lo mismo. Qué sentido tendría.

Cualquier día puede pasar algo que nos desordene la rutina. Es así y siempre lo ha sido. De tan parecido que es un día al otro, una semana a la otra, un mes con otro mes, hacemos las cosas como si se tratara de un proceso automático. No nos ponemos a a pensar a cada rato, o reflexionar sobre lo mismo. Qué sentido tendría. El tiempo no es oro pero bien administrado, puede brillar como si lo fuera.


Normalmente, cuando enfermamos, es porque ha pasado en nosotros algo excepcional, que nos descompensó y nos manda al “matasanos”, al hospital público o las consultas privadas. Allí nos examinan, nos escuchan un poco y nos envían con un diagnóstico, más las recomendaciones de no hacer esto, no hacer lo otro , procurar un régimen alimenticio y los medicamentos; todo, para que volvamos a la rutina de estar sanos. Pero, parece que eso no es tan así.


Resulta que uno no está nunca lo suficientemente sano. Más bien, estamos enfermos y sanos a la vez. Nuestro cuerpo lucha día a día para funcionar en un equilibrio fisiológico que permite seguir viviendo. Así es como la mejor farmacia de todas (sin lucro y sin colusión) nos salva constantemente: nuestro sistema inmunológico. En resumen: en un muy altísimo porcentaje de los casos, nos mejoramos solos. Eso es el resultado de la evolución de la especie. Irónicamente a veces me parece que es en lo que se apoya el Hospital en su relación con la atención de los pacienctes, un estableciemiento público de Nivel 4, según la clasificación nacional.


Si nada especial pasa, el hospital funciona de maravillas. Los choferes y sus ambulancias en tareas propias, médicos en consulta, paramédicos y funcionarios en general, haciendo sus labores según protocolo de atención. No será el mejor ejemplo de una atención preferencial por el usuario, pero tampoco es el peor y se sitúa en la mediania sin confundirse con la mediocridad. Es decir: del montón para arriba y eso se debe en gran medida a que los funcionarios que allí trabajan, son de Curacavi y conocen a las personas, a sus vecinos. Hay una cercania que se aprecia bien. Los médicos, historicamente en este pueblo, llegan recién salidos de la universidad. Vienen a trabajar y a hacer puntaje. La mayoría de ellos postulan a becas de especialidad. Luegho se marchan. Tenemos en esta regla excepciones, que han tenido diferentes conductas, entre los pocos profesionales que se han quedado en este pueblo. Unas apuntan a la práctica profesional orientada al servicio público y la otra, al uso y abuso de instalaciones públicas para la práctica privada de la profesión, con lucro.


Como vivimos en un lugar cruzado por una carretera de alta velocidad, cada cierto tiempo o, más veces de lo esperado, alguien se pega un tortazo contra alguien y todos van a parar al Hospital de Curacavi. Esto no es tan raro porque según estadísticas, cada 120 segundos es probable que se produzca un accidente múltiple en la Ruta 68. La atención de urgencia concentra los esfuerzos de Carabineros, Bomberos y el Hospital. Estas tres instituciones ocupan todo o casi todo el personal disponible en estas situaciones. Carabineros atiende público, por la naturaleza de las denuncias, pero no tienen una sala de espera para ello. En Bomberos simplemente funcionan sin sala de espera y si así fuera, estaríamos en una escena del realismo mágico: un montón de personas sentadas, esperando su turno, gastándose la vida en ello, para que el funcionario de bomberos tramite sin demora un “apagado de incendio”. Bomberos es lo más inmediato a una atención sin demora y todos reconocemos eso. Del Hospital de Curacavi qué se puede decir?. Pues que un accidente carretero ocupa parte importante de su personal y recursos. En pocas palabras: visten a un santo, desvistiendo a otro. Toda la atenciòn programada, se vuelve más lenta. Entonces, ante una situación de contingencia en carretera, la linea de equilibrio que mantiene al hospital funcionando para los usuarios de Curacavi, se va a las pailas. Si hay algún transplantado en espera de su atención, como ha sido el caso que he podido constatar, deberá esperar aun más y no hay nada que hacer. Salirse de los horarios para un transplantado, puede ser fatal. La atención a los adultos mayores postrados, queda simplemente para después y un después, bien después. Comentario necesario se hace respecto del sistema para la obtenciòn de horas que se viene implementando en el Hospital, que no apunta a hacer del tiempo de espera, un breve lapso o tiempo soportable, para las personas, sino que, por el contrario, ya que en medio de este “corral”, ni siquiera se visualiza una atención diferenciada para el adulto mayor.


Concluida la odisea, después de salir de la consulta con el médico de urgencia o atención programada, queda uno con una sensación extraña: tanto tiempo en la sala de espera, para una atención de 10 minutos, como máximo.




María Recabarren Rojas
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